viernes, 5 de noviembre de 2010

Estructura del Cantar de Mio Cid

El Cid fue un brillante héroe de España, Rodrigo o Ruy Díaz, y al que llamaban el Cid.

El poema sobrevive gracias a un único manuscrito de fecha más o menos desconocida, copiado por un tal Per Abbat, y que, en su estado actual, posee unos 3.700 versos, a pesar de las lagunas que contiene en el comienzo y parte del final. Nos presenta al Cid en el destierro en el que vive con sus mesnadas del saqueo de los moros, después de haber sufrido la confiscación de sus bienes. Gracias a éxitos militares posteriores, que culminan con la conquista de valencia, consigue mucha más riqueza que antes del exilio.
A pesar de su destierro, el Cid que afirma en su poema insistentemente, es un leal vasallo del rey Alfonso y le envía presentes. El rey, a su vez, se ablanda poco a poco y permite a su esposa e hijas que se reúnan con él en Valencia. Con angustiosa despedida se habían separado al abandonar el Cid Castilla.

Después de esta introducción, la obra esta compuesta por tres cantares:

     ·Cantar del Destierro: en el que se relata cómo el Cid es desterrado (el destierro era la mayor deshonra para un caballero) por el rey Alfonso VI debido a falsas acusaciones. El Cid debe partir de la corte y recuperar su honra, y para ello, por medio de hazañas bélicas, va aumentando su riqueza y su fama para ser rehabilitado por el rey. Este primer cantar termina cuando el Cid se encuentra en las proximidades de Valencia.
Es un cantar esencialmente bélico y en algunos aspectos, emotivo. Estancia en Burgos, despedida de su familia). Narra las luchas del Cid con reyezuelos moros y con el Conde de Barcelona.

·Cantar de las Bodas, que se centra en la conquista de Valencia, envío de regalos al rey y reunión con su familia. Vence a los almorávides y recibe en Valencia a los codiciosos Condes de Carrión que, previa autorización real, deciden casarse con las hijas del Cid. Se celebran las bodas y se advierte la actitud recelosa del Cid.

·Cantar de la afrenta de Corpes, que narra la partida de los nuevos matrimonios y el    abandono de las desposadas en el robledal de Corpes. Termina con la convocatoria de Cortes en Toledo y la satisfacción dada por el rey al Cid y los suyos. Se anuncia el desposorio de las hijas con los herederos de Navarra y Aragón. 

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